Muchas veces no calculas la distancia. No preparas lo debido, no piensas en las consecuencias. Sólo planteas el presente, los impulsos, lo que realmente quieres en ese momento. Por una parte, hace que jamás eches en falta una opotunidad que quizá pudo llegar a ser algo. Por otra parte, en muchas ocasiones hace que saltes sin pensar.
Y caes.


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